¡¡¡…Cuatro Décadas de vida…!!!


 

El tiempo avanza cual ferrocarril sin frenos, el tiempo no perdona ni un segundo de existencia y hoy en la alborada de mis cuatro décadas puedo decir tanto y tampoco de la existencia misma que me ha llevado algunas veces sin rumbo y otras no tantas con éxito pasajero.

 

Toda felicidad abarca los destinos menos impropios que puedan surgir en las decisiones finales, no es fácil el caminar por tantos años sin adquirir las experiencias que transmitimos a los que van llegando después que nosotros; la vida no es detractora de los mismos sentidos, todos tienen una visión distinta y sedentaria de lo que es para ellos. Pero en definitiva lo que marca la vida de por sí, es el intrínseco despertar que nos arropa las palabras desde que nacemos.

 

Muchas cosas pasan desde el instante mismo en que el ser que por nueve meses nos lleva dentro de sí, abre el camino para que veamos la luz muchas veces opacadas por desasosiegos crepusculares; justo en el momento cuando recibimos nuestra primera experiencia dolorosa, la nalgada dada por el médico hasta florecer por la senda de los años junto a muchas otras cosas nos hacen derramar lagrimas y que como esponjas vamos absorbiendo durante la propia existencia que nos da nuestro Creador.

 

Llegar a los cuarenta se hace largo cuando apenas tenemos doce o trece años y lo único importante es pasar de año escolar o levantarnos una novia; a medida que los años avanzan empieza la carrera cuesta arriba al llegar a los treinta y empezamos a analizar lo que ha sido nuestra vida sobre este planeta.

 

Descubrimos que la felicidad no está a la vuelta de la esquina pero cuando cruzamos sin cuidarnos nos tropezamos tantas veces sorprendiéndonos a nosotros mismos, y en cada tropiezo siempre conseguimos un escalón haciéndonos subir aun más alto. Eso sí, nos descansamos por nada del mundo buscando acumular riquezas impalpables, amores imposibles y cosas inoportunas que ya no vienen al caso; muchas veces perdemos la perspectiva de la vida y nos metemos por un callejón sin salida ofuscados por una encrucijada que nos hará sentir vivos de nuevo.

 

Doy gracias a mi Dios por todos estos años que me he tenido vivo sobre esta maravillosa tierra, Gracias por la vida, por los errores convertidos en enseñanzas, por las verdades descubiertas, por la familia, por los amigos y por los enemigos, gracias por tener una vida plena, muchas veces felices y otras no tanto, he llorado de felicidad y de tristeza, he perdido y he ganado, pero ante todo soy un ser humano, digno, fuerte y fiel a mis principios. Quien diga lo contrario, sencillamente no me conoce…!!!

 

Pedro José Pérez Quintana

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