Te Conozco; pero no sé quién eres realmente…


Palabras que vienen y van como las nubes que esconden al astro rey, ocultando tras de sí la luz que llena nuestras mentes y sentidos. Después de tanto andar junto al alma, de ofrecerle el mundo sin tenerlo siquiera, de esperar por los sentimientos que están más allá del simple hecho de la verdadera razón que esconde los principios menos valederos que se esparcen como semillas sin fruto.

 

No se entiende que al dejar lo que se ama realmente en manos supuestas de quien se conoce pero que a la final no se sabe ¿quién es?, ¿cómo explicar lo inexplicable?, o como culpar a quien no tiene la culpa por lo que se ofreció ya hace tanto y que por yerro de quien sabe quien se ha retrasado la entrega; pero lo más fácil es culpar al menos indicado juzgándolo, condenándolo sin juicio justo y necesario.

 

Se repiten cuestiones que no vienen al caso para entender que se lleva por dentro el resentimiento nacido por una falta incomprendida que al atardecer del otoño no es más que simple desperdicio incomprendido por ser como se es y sin sentido el que trata de explicar y solo recibe palabras absurdas al sentirse incapaz de lograr lo que se pidió en un simple mensaje que viaja por ondas que se expresan en aparatos virtuales.

 

Lejos esta la razón, se palpa el sentir que viene y va, no es justo y no se tiene derecho porque lo que es para unos lo es para otros a pesar de que se creía pasada la pagina del atardecer, junto a una sonrisa que plasmo la firma final al cerrar el capítulo y comenzar uno nuevo.

 

Que duras se leen las palabras de quien se lleva dentro de sí y a la distancia del órgano que palpita llevando la sangre que se derrama por los conductos que llevan la herida que parte el corazón más de lo que fue partido y pisoteado en el pasado cercano; quisiera decir lo que dice mi corazón, que las únicas cosas que se expresan nacen ahí donde otras mueren.

 

Como decir “Te conozco, pero no sé quién eres realmente”, después de compartir lo mucho, lo poco y de vivir cosas inimaginables en el tiempo y espacio… No sé qué pensar de tan mal sentir que hizo colapsar el silencio mortal que enmudeció mi alma inmortal…

 

Pedro José Pérez Quintana

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