CUANDO AMAR ES DEMASIADO…


Las palabras que nacen en lo más profundo de nuestro ser, son aquellas que traen a la vez un dolor muy grande y una felicidad inmensa.

 

Quizás esta paradoja no es tan simple como la misma vida, o liada como la existencia de seres que no están a nuestro alcance, pero que añoramos con infinito aticismo. Lo que humildemente perpetuamos en los pensamientos llegado el momento nos alcanza y se manifiesta un existir benevolente que da a entender que lo más puro se puede convertir en algo inalcanzable.

 

La contradicción está, en que queriendo lo que buscamos, nos encontramos con lo literalmente opuesto a la sentencia existente y nos conformamos con las meras migajas, cuando en sí, podemos seguir luchando y demostrar que somos capaces de dar más de lo que recibimos.

 

Se desespera al no obtener lo deseado y entonces expresamos disgusto dentro de nuestro ser y buscamos aplacarlo con placeres que no nos satisfacen en lo más mínimo. El verdadero amor no se compra ni se vende ni se alquila en una esquina oscura apenas iluminada por un reflector opaco, el verdadero amor nace en la profundidad de la misma existencia ya desde la creación misma y se pone de manifiesto al sentir que la vida puede llegar a un mañana que tal vez no exista si nos convertimos en seres incomprensiblemente desarraigados del pensamiento más sublime, que puede significar la huida ignominiosa en pos de una batalla disímil.

 

Cuando descubrimos el verdadero sentir del amor, vemos con lagrimas en el corazón, que éste, aunque distante estaba tan cerca como nuestros propios ojos que incapaces de mirar lo que deben mirar esconden detrás de un velo insignificante las entrañables señales que desean salir adelante, pero que por omisos e incompetentes dejamos pasar.

 

Entonces ¿qué podemos esperar del verdadero amor? La respuesta a esta interrogante la conseguiremos dentro de cada uno de nosotros en el momento justo y necesario para así comprender lo incomprensiblemente imposible al desear lo que no podemos alcanzar.

 

Pedro José Pérez Quintana

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